Funerales ecológicos

Las fuentes de contaminantes y gases de efecto invernadero son variadas y van más allá de la industria y el transporte. La mayoría de las actividades humanas está vinculada, de una u otra forma, con alguna de ellas. Los procedimientos en serie o industrializados han surgido desde una perspectiva aislada del estudio del equilibrio de los ecosistemas. Esto involucra desde la reproducción desmedida del ganado con fines alimentarios, hasta la contaminación debida a los procesos funerarios. Ante este último problema, han surgido varias respuestas alternativas, con el fin de sustituir la cremación y el enterramiento. Recientemente, se han explorado posibilidades tales como la congelación de los restos humanos a través de Nitrógeno líquido o, simplemente, métodos crematorios más amigables con el medio.

 

El impacto ambiental de los procesos funerarios

Para una gran parte de las civilizaciones humanas, la sepultura ha sido, desde el siglo XII, la forma más común de tratar los restos de los difuntos. Desde sus inicios, ha tenido un papel ritual importante y ha seguido una serie de preceptos inalterables, tales como la profundidad exacta a la que debe realizarse.

Actualmente se sabe que dicha práctica constituye un problema sanitario y ambiental. Esto se debe a que la disponibilidad de oxígeno es limitada a las profundidades a las que los enterramientos se realizan. El oxígeno es un elemento clave en la descomposición del cuerpo y su ausencia provoca el alargamiento de la misma.

Bajo procesos que involucran bacterias que respiran azufre, los cuerpos se descomponen a diferente velocidad. El tiempo en que esto sucede depende, además, del tipo de suelo en que la sepultura haya sido realizada. Los productos de estos procesos se filtran al agua y se mezclan, eventualmente, con el mar. El arribo de dichos restos puede contaminar el agua y los suelos, además de contribuir a la eutrofización del océano. Es decir, facilita el enriquecimiento desmedido con nutrientes, capaz de provocar un potencial colapso en un ecosistema. Entre ésta y otras cosas, el proceso de sepultura tiene un gran impacto ambiental por el uso de metales y la tala de árboles que la fabricación de ataúdes implica.

Pese a su uso extendido, el enterramiento no ha sido el único procedimiento disponible para el tratamiento de restos humanos. Como alternativa, la cremación es utilizada por la población occidental desde hace algunos siglos. En 1876 surgió el primer crematorio de Europa, con sede en Inglaterra. En aquel tiempo, este proceso representó una revolución en la manera de pensar la muerte, así como en la forma en que se resolvían los problemas sanitarios. Sin embargo, este procedimiento no es en realidad una alternativa óptima, debido a sus costos energéticos y a la gran cantidad de desechos contaminantes que genera. Para cada cremación se requieren poco más de 20 litros de aceite y medio kilogramo de carbón activado para el tratamiento de gases.

En la cremación, el difunto contenido en un ataúd es llevado a un horno a una temperatura aproximada de 800°C. Como consecuencia de ello, un gran volumen de gases se emite y mezcla con el aire, lo que contribuye al calentamiento global. Los metales pesados contenidos en el cuerpo, como el mercurio de los implantes dentales, se convierten en gases y contaminan la atmósfera. Ante ello, no existe una regulación verdaderamente funcional en la mayoría de las naciones. Para países como Suecia, esta emisión representa una tercera parte de las descargas totales nacionales de mercurio. Las cenizas resultantes son, en la mayoría de los casos, enterradas o arrojadas al mar. Esto termina propiciando la eutrofización de manera análoga al procedimiento de sepultura.

Además de la contaminación por mercurio, el aire es afectado por otros gases como los de ácidos clorhídrico y fluorhídrico que, al mezclarse con bencenos y furanos también emitidos, producen compuestos carcinógenos. En países como la India, la contaminación debida a los procesos crematorios aumenta según las especificidades del mismo, como consecuencia de las costumbres religiosas. En este país de Asia del Sur, los procesos crematorios son mayoritariamente llevados a cabo al aire libre. Alrededor de 60 millones de árboles son quemados cada año en la India para sustentar dichos procedimientos. Además de la contaminación y deforestación que esto provoca, se facilitan los procesos de eutrofización del agua antes mencionados.

 

Promación
Foto: India TV

Nuevos procesos funerarios

Con el objetivo de desarrollar un método funerario de bajo impacto ambiental, surgió en Suecia el proceso conocido como promación. Éste consiste en la sumersión del cuerpo en un tanque con nitrógeno líquido a una temperatura aproximada de -196°C. La materia orgánica se vuelve entonces frágil y, al ser sometida a una vibración, se convierte en polvo. Los restos son introducidos en una cámara de vacío para así extraer de ellos el agua, que representa un 70% del volumen de los mismos. Los metales contaminantes como el mercurio son fácilmente extraibles del polvo seco obtenido y así pueden ser sometidos a un tratamiento adecuado.

Pese al elevado costo energético de la producción de nitrógeno en estado líquido, el balance resulta en favor de este proceso en comparación con el costo de la cremación. Además, las emisiones de nitrógeno no constituyen ningún problema ambiental. El polvo obtenido es enterrado en un ataúd orgánico y sobre él se siembra un árbol o un arbusto. Este enterramiento final ocurre a una distancia tal que los restos pueden ser degradados por el oxígeno y microorganismos. «De esta manera (el cuerpo) puede ser devuelto, de una manera digna, al ecosistema como una contribución valiosa a la tierra viva» dice Susanne Wiigh-Mäsak, bióloga de la compañía Promessa Organic, que desarrolla este método.

Otra alternativa con pretensiones ecológicas es la resomación. Ésta utiliza, para la descomposición del cuerpo, un tratamiento con una solución alcalina, de hidróxido de potasio. Pese a que el proceso requiere llevarse a cabo a una temperatura de 160°C, el gasto energético representa apenas una séptima parte de aquel requerido para la cremación. Al llevarse a cabo bajo una presión elevada, la solución no hierve y el cuerpo puede separarse en sus componentes químicos. Una vez terminado el proceso, las soluciones utilizadas, libres de cualquier traza de ADN, son fácilmente tratables y los restos son tratados de manera similar a las cenizas de la cremación.

Resomación{
Resomator S750. Foto: Mysendoff.com

Según la compañía que desarrolla el proceso, Resomation Limited, éste podría reducir la emisión de gases de efecto invernadero debida a los procesos funerarios en un 35%. La resomación, al igual que la promación, tiene la ventaja de no contaminar con metales como el mercurio. El proceso se encuentra actualmente disponible en Suecia, en Escocia y algunas partes de Estados Unidos.  Pese a la desventaja de ofrecer precios más altos que los de la cremación y la sepultura, el proceso ha empezado a extenderse y la compañía está a punto de ofrecerlo comercialmente también en Inglaterra.

A pesar de los numerosos beneficios que ambas técnicas podrían ofrecer, las compañías que las desarrollan carecen de una estrategia que las haga viables ante la importancia ritual que para algunos grupos tienen la sepultura o la cremación. Esto resulta evidente en países como la India donde, como se mencionó, la cremación al aire libre es una tradición religiosa. Alrededor de 400kg de madera son utilizados en cada una de estas cremaciones. Anualmente, eso representa la tala de 50 a 60 millones de árboles, deforestando un área de 1500 a 200km². Este proceso genera, anualmente, 8 millones de toneladas de dióxido de carbono, además de contaminar el suelo y el agua con los residuos generados. Pese a los numerosos intentos de introducir la cremación por vías eléctricas a la India, los resultados no han sido los esperados por motivos económicos y religiosos.

Contra las dificultades, la Organización No Gubernamental de nombre Mokshda y con sede en la India, ha conseguido implementar un «Sistema de cremación verde». Con base en una serie de mejoras al sistema tradicional, declaran haber logrado reducir la contaminación del agua y la atmósfera. Entre otros cambios, Mokshda propuso la utilización de materiales que conservan el calor para reducir el uso de madera. Esto reduce la tala de árboles y las emisiones de gases de efecto invernadero en un 60%. Pese a seguir realizándose al aire libre, la cremación ocurre en un sistema casi cerrado termodinámicamente. Es decir, el sistema no pierde calor durante el proceso. La cremación desarrollada por Mokshda ofrece un ahorro económico y la posibilidad de efectuar los mismos actos rituales que en la cremación tradicional.

La expansión de la Organización se ha visto mermada como consecuencia de diversos problemas sociales. Anshul Garg, director de Mokshda, dice haber enfrentado problemas con la «mafia de la madera»; es decir, con los grupos que de manera ilegal se dedican a talar y comercializar árboles para fuegos funerarios. Garg afirma que la organización ha recibido amenazas presuntamente emitidas por miembros de estos grupos. Sin embargo, Mokshda sigue creciendo y actualmente aplica en el programa de créditos de carbono, bajo el Mecanismo de Desarrollo Limpio del Protocolo de Kyoto; que promueve proyectos sustentables en países en vías de desarrollo.

El sistema de cremación verde, así como la promación y la resomación, es un proyecto que busca hacer consciente a la gente sobre la huella de carbono que las actividades humanas pueden tener. Su desarrollo se contrapone a la invisibilización en la que se encuentra gran parte de las emisiones de gases de efecto invernadero ajenas a la industria y el transporte. Con todo y sus beneficios, la implementación a gran escala de estos tres métodos es aún sólo una posibilidad.

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