AMLO y Ruiz Cortines, los paralelismos de dos presidentes

Cuenta la tradición histórica que en la época de la república y el imperio romano, cuando un general o comandante militar regresaba victorioso a Roma, ya sea por haber realizado labores de conquista o salir avante de alguna campaña, desfilaba en un carruaje tirado por cuatro caballos por las calles de la Ciudad Eterna ataviado con una corona de laurel y siempre acompañado de un siervo que le susurraba al oído: “¡Mira tras de ti! Recuerda que solo res un hombre (y no un dios)”.

En la toma de protesta de Andrés Manuel López Obrador, rendida ante el Congreso de la Unión, se refirió a un ciclista que lo siguió en una parte del trayecto de su casa al Palacio Legislativo de San Lázaro, el cual le dijo: “Tú no tienes derecho a fallarnos” y “En ti confiamos”  y agregó en su discurso ante el Poder Legislativo: “nada material me interesa, ni me importa la parafernalia del poder, siempre he pensado que el poder debe ejercerse con sabiduría y humildad y que solo adquiere sentido, y se convierte en virtud, cuando se pone en servicio de los demás”.

Sirve la anterior comparación para considerar al joven ciclista como la representación de la parte de la ciudadanía que votó por López Obrador, quienes depositaron su confianza en su persona para dirigir los destinos del país hasta el 20 de septiembre  de 2024, que siempre estará el pueblo llano recordándole su misión, que es la de conducirse con rectitud y probidad durante su mandato que, tal como lo ha llamado, pretende en constituirse en una Cuarta Transformación de la vida pública del país, tomando como parangón la Independencia de México, la Reforma y la Revolución Mexicana.

En otra parte de su discurso, dijo que durante el periodo de 1958 a 1970, el Producto Interno Bruto (PIB) en México creció más de 6% sin incremento de la deuda pública, tomando como premisa la época conocida como Desarrollo Estabilizador; es decir, la era que abarca los sexenios de los presidentes Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz y  en los que Antonio Ortiz Mena fungió como Secretario de Hacienda en esos dos periodos y remató diciendo que: “La economía neoliberal ha sido un desastre, una calamidad para la vida pública del país”.

Dadas las particularidades de AMLO, su edad, su sentido de probidad y de honestidad, propugnando por  un gobierno austero, eficiente, alejado de la corrupción y la impunidad, me resulta imposible no encontrarle grandes similitudes con Adolfo Ruíz Cortines, quien gobernó México de 1952 a 1958 y quien, a mi juicio, dio un enorme auge al desarrollo económico y social de nuestro país y que gracias a sus buenos oficios en el control de las finanzas públicas, dirigidas por su Secretario de Hacienda Antonio Carrillo Flores (hermano de Nabor Carrillo Flores)  se pudo arribar al periodo de bonanza y prosperidad ya señalado y conocido como desarrollo estabilizador.

En efecto, Adolfo Ruíz Cortines  en su discurso de toma de protesta, marcó un distanciamiento con su antecesor y al igual que AMLO hizo un análisis del estado en que se le entregaba el país, tal como se refiere en los siguientes párrafos de su alocución:

“Coordinar la agricultura, la industria, los transportes y el comercio; conseguir que las clases que obtienen ingresos más altos reduzcan sus gastos superfluos, destinen a las inversiones productivas una porción mayor de sus recursos, y se canalicen esas inversiones hacia los campos más esenciales de la actividad económica; adaptar la política crediticia a esos propósitos; lograr que en las relaciones entre trabajadores y patrones se afirme el espíritu de reconocimiento y respeto de sus derechos y deberes recíprocos, y fortalecer el equilibrio del Presupuesto Federal, son medidas que habremos de poner en práctica también para robustecer nuestra economía y responder a las aspiraciones de nuestro pueblo, constatadas por nuestras observaciones directas en el recorrido de todo el país y a través de las opiniones de todos los sectores sociales y de las ponencias presentadas en las asambleas económico-sociales que se efectuaron en todas las entidades federativas…

La colectividad en general debe coadyuvar lealmente para que los funcionarios y los empleados públicos procedan con la más absoluta honradez, y así lograr la moral administrativa y pública de México….

Consecuentemente, obraremos con máxima energía contra los servidores públicos venales o prevaricadores, y al efecto, ya promovemos ante vuestra soberanía las reformas necesarias a la Ley de Responsabilidades de Funcionarios y Empleados para la imposición de castigos ejemplares…”.

Así pues, es imposible no encontrar en las palabras de Ruíz Cortines semejanzas con los gestos y actitudes del actual mandatario Andrés Manuel López Obrador, tanto en sus discursos como en sus acciones. Como ya dejamos asentado, fue gracias a la excelente gestión de Ruíz Cortines, su justa medianía, su frugalidad y manejo honrado del presupuesto que se pudo arribar al cenit de la época conocida como Milagro Mexicano, ya que supo crear políticas públicas que crearon bases sólidas de crecimiento y desarrollo económico nacional, y su conocimiento y visión de modernización se basaba en el balance entre empresa privada y administración pública.

Aquí también llama la atención que Ruíz Cortines hizo una apología del juicio de amparo como garante de la justicia y la legalidad, y AMLO no se refirió ni por asomo al Poder Judicial de la Federación y en la parte última de su discurso dijo que solo debe obediencia al pueblo, lo que en teoría política es inapropiado porque precisamente es al Poder Judicial al que le debe obediencia, sobre todo tratándose del juicio de amparo.

Por otro lado, no podemos pasar por alto el hecho de que con Ruíz Cortines se consolidó el sistema político mexicano hegemónico controlado por el Partido Revolucionario Institucional y que en su sexenio incluyo en su gabinete y afianzó en los primeros órdenes de la política a tres personajes clave que a la postre serían sus sucesores:  Adolfo López Mateos, en la titularidad de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, Presidente de México de 1958 a 1964; Gustavo Días Ordaz, su oficial Mayor en la Secretaría de Gobernación y luego su Subsecretario, Presidente de México de 1964 a 1970; y Luis Echeverría Álvarez, su Oficial Mayor en la Secretaría de Educación Pública y Presidente de México de 1970 a 1976.  Luego entonces tenemos que, dado el inmenso poder y capital político acumulado por AMLO en esta última elección, aunque ya no vivimos los tiempos aciagos del partido hegemónico y contamos con un sistema que pretende ser efectivo de División de Poderes, así como un órgano regulador autónomo de las elecciones, resulta cuestionable no creer que estamos ante una similitud de AMLO con Ruíz Cortines para que pueda incidir en la designación de sus sucesores.

Tal vez es muy pronto para hacer este tipo de especulaciones, pero de lo que se infiere en el discurso de toma de posesión, es que es esperanzador y sinceramente deseamos que se sienten  las bases para tener un país más justo, más equitativo, con menos pobres y tal como iniciamos con este escrito: Sólo la historia nos dirá y, por lo pronto, nos toca recordarle a AMLO que solo es un hombre y que no tiene derecho a fallarnos. 

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