Ser como niños

El fin de semana pasado, los Reyes Magos se apoderaron de las calles, los tianguis, el transporte público; miles de ellos deambularon por ahí, cargando en su mayoría juguetes y ropa para niños, además de la tradicional rosca para echarse un chocolate con ella y definir quién se encargará de los tamales el próximo 2 de febrero, día de la candelaria.

Por otro lado, uno mira en las noticias, en las redes sociales de internet, en las charlas cotidianas, propias o ajenas y, como siempre en este país, la mayoría de los argumentos son quejas: porque no alcanza el dinero, porque no hay trabajo, porque la gasolina no baja lo que uno quisiera o dónde uno quisiera e incluso, en algunos estados, anda medio escasa. Entonces uno se pregunta: ¿por qué  se molestan tanto los Reyes Magos en un México tan difícil para vivir?

Para dar respuesta a la pregunta, viene a la mente Johann Wolfgang von Goethe y varias de las reflexiones que hace en torno a la niñez en su libro Werther, una novela epistolar en la cual las letras del autor alemán se entremezclan con fenómenos como el del seis de enero: los Reyes haciendo su trabajo.

“Es preciso obrar con los niños del mismo modo que Dios obra con nosotros; que no nos hace nunca más dichosos que cuando nos deja divagar y andar errantes a través de los deliciosos y suaves prestigios de la ilusión”. Leía esto mientras los Reyes Magos deambulaban en el metro de la Ciudad de México, acarreando sorpresas y justo, ilusiones para los niños. ¿Por qué entonces, cuando uno crece pierde la facultad de vivir feliz con las fantasías?

No sé si lo recuerdes, pero quizá uno de los momentos más duros de tu infancia fue el día que te dijeron, o te diste cuenta, de esa terrible verdad que amarga para siempre el resto de los inicios de año de la vida: “¿Cómo que los Reyes Magos son…?”. “Pero es que yo estaba seguro que…”, y de ahí puede que venga nuestro primer evento traumático para comenzar a dudar de otras ilusiones como el amor, la vida eterna e incluso el sueño de vivir haciendo lo que te hace feliz.

Quizá por eso, un día aceptamos el trabajo que no nos gusta, el salario que no nos alcanza, la vida que nunca soñamos pero con la que nos conformamos, porque le damos demasiada importancia y seriedad al hecho de ser “adultos” y quizá creemos que, así como los Reyes Magos, todo esconda detrás una cruel verdad.

“(…) me detengo a observarlos y veo en estos pequeños seres el germen de todas las facultades que necesitarán ejercitar algún día; cuando descubro en su encaprichamiento o terquedad la futura constancia y firmeza de carácter, o en sus travesuras y en su malicia misma el humor fácil y alegre que hace olvidar rápidamente las penas y los contratiempos de la vida, y todo esto de una manera tan franca y tan compleja”.  

No se trata de pensar en ser literalmente un infante otra vez y tirarse al piso para jugar con carritos y muñecas, sino de rescatar esa parte de nosotros que era capaz de vivir de formas tan simples que hacían parecer que todo era un juego. Dale un cartón a un niño y va a jugar todo el día; dáselo a un adulto y lo va a tirar a la basura. En el párrafo anterior, Goethe habla de esa simpleza, de mirar el devenir como un fenómeno pasajero y saber disfrutar, dejar que todo fluya.

Estamos en tiempos en los que nadie cree ya en nada, y a la vez, todos se creen todo: qué paradoja, ¿no? Todos queremos tener la razón pero nadie razona, porque ser adulto implica muchas dinámicas sociales como el “ganar” una discusión, “tener” la opinión más acertada, “destacar” de entre los demás.

Es difícil entender las dinámicas de un mundo que cambia a cada momento de formas tan vertiginosas, que apenas estás entendiendo algo y de pronto eso que creías comprender, muta para dejar tu conocimiento en la obsolescencia. Sin embargo, la reflexión que queda hoy es que hay que ser como niños, al menos un poco, para aferrarnos de las ilusiones y las fantasías y así tener el valor de decirle “no”, a esa realidad de la que tanto nos quejamos o de creer en las promesas de las que siempre dudamos. “Pues bien, amigo mío, estos niños, estas amables criaturas que nosotros deberíamos mirar como nuestros modelos, nosotros los tratamos como esclavos”.    

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