NBA: ¿qué hace falta para ser un superestrella?

Hasta el año pasado, el Juego de Estrellas, evento con el que culmina el Fin de Semana de Estrellas de la NBA (y que engloba el Concurso de Triples y el de Clavadas, entre otros), era una bestia moribunda: el sistema de juego por conferencias (Este y Oeste) parecía haber quedado obsoleto: desde el año 2000 y hasta el 2017, los del Oeste se impusieron en 12 ocasiones, por sólo 5 victorias de la conferencia Este. Si bien es cierto que el carácter amistoso del partido propiciaba que los jugadores no jugaran prácticamente ningún tipo de defensa, el evento parecía ir perdiendo interés. A partir del año pasado, una parte del esquema cambió: si bien los jugadores seleccionados para el partido siguen siendo elegidos por el público, a partir de la temporada 17-18, los dos con más votos se convertirían en los capitanes que seleccionarían a los miembros de sus equipos, sin importar la conferencia o el equipo: así, el año pasado, el Juego de Estrellas se jugó bajo es esquema de Team Lebron contra Team Stephen, resultando vencedor el equipo de El Rey James, quien fue designado como Jugador Más Valioso. Otro gran cambio sustancial fue la defensa que se jugó a lo largo del partido, ya que se definió apenas por tres puntos (148-145), en contraste con los anteriores partidos: de 2015 a 2017, el margen de ventaja para el ganador (la conferencia del Oeste), había sido de 11.5 puntos.

El sistema de selección de los jugadores es bastante sencillo: por medio de tuits o mensajes en redes sociales, el público se encarga de escoger a los jugadores que participarán en el encuentro. Con el cambio de formato, los 10 primeros jugadores son los titulares, mientras que la banca se compone de 7 jugadores por bando. En días específicos, los votos cuentan al doble. Este voto del público equivale a un 50% de la decisión; la otra mitad se divide en dos cuartos: prensa y jugadores, con el 25% de la decisión para cada una de las partes. Otra de las formas de llegar al partido es mediante un nombramiento del comisionado, tal como ocurrió el año pasado con Paul George (en lugar de DeMarcus Cousins, lesionado en aquel momento) o como Goran Dragic (por Kristaps Porzingis) o Kemba Walker (en lugar de John Wall).

A pesar de la forma en la que se toma la decisión de quien va o no va al All Star Game, muchos jugadores que de acuerdo con sus números tienen la calidad de ser un superestrella –ser ese jugador que se echa el equipo al hombro, contribuyendo al objetivo general con números sólidos, pero sobre todo consistentes– quedan fuera a cambio de otros que tal vez no tienen los mismos números, y, por lo tanto, el mismo impacto sobre el equipo.

Otro de los factores que parece influir es la exposición que tiene el equipo o el jugador en los medios nacionales e internacionales: un ejemplo de esto es el jugador de los Warriors de Golden State, Klay Thompson: mucho se ha dicho que podría echarse un equipo al hombro, pero los números dicen lo contrario, algo de lo que se hablará unas líneas más abajo. Por otro lado, hay jugadores que a pesar de contribuir de manera determinante para sus equipos, no reciben la misma atención: ya sea que el equipo no es tan competitivo, o bien que en la plantilla haya una o varias figuras más grandes (mediática y/o técnicamente). En esta circunstancia se encuentra el base de los Pelícanos de Nueva Orleans, Jrue Holliday, quien jugó una temporada en UCLA antes de dar el brinco a la NBA. Holiday disputó el McDonald’s All-American Game (un encuentro en el que juegan los mejores basquetbolistas del high school y es una buena vitrina para que las universidades observen a los jugadores; por él han pasado Jordan, Magic Johnson, Kobe Bryant, Jason Kidd, Carmelo Anthony, y el Rey Lebron, entre otros). Fue elegido en la posición numero 17 del draft de 2009 por los 76ers de Filadelfia. En 2013 se convirtió en el jugador más joven de la franquicia en ir a un Juego de Estrellas, con 22 años. Ese mismo año fue cambiado a Nueva Orleans, en donde juega actualmente. Si bien es cierto que su carrera ha estado llena de lesiones y situaciones extracancha, sus números son bastante consistentes. En contraste con Klay Thompson en los dos últimos años es el siguiente:

 

Jrue Holiday Klay Thompson

 

19.4 puntos por partido 20.8 puntos por partido
53.7% efectividad de tiro de campo 56.6% efectividad de tiro de campo
15.6 intentos de tiro 17.1 intentos de tiro
6.7 asistencias (2.9 pérdidas de balón) 2.4 asistencias (1.8 pérdidas de balón)

 

Thompson puede anotar 37 puntos en un cuarto (como hace cuatro años, en contra de Sacramento, partido en el que eventualmente puso 52 puntos). Pero también ha demostrado de manera constante que depende de Steph Curry como manejador de balón y creador de oportunidades: cuando el 30 de los Warriors se encuentra sobre la cancha, Klay lanza para un 66% de efectividad, mientras que sin Curry, su efectividad disminuye en un 13%, lo que lo convierte en un tirador justo arriba del promedio. Thompson es la maquinaria perfecta del cachaytira: en 2016 anotó 60 puntos, estando 29 minutos en la duela. De esos 29 minutos, Thompson tuvo el balón en sus manos por apenas 90 segundos. Anotar tal cantidad de puntos tiene un gran mérito. Quizá la forma es la que puede confirmar la dependencia de alguien que lo alimente, es decir, alguien que lucha para crear sus propios espacios de tiro: Klay no sería la primera opción en algún otro equipo. Holiday es un jugador sólido que no es una maquinaria de puntos pero influye en el reparto de juego y la creación de espacios para sus compañeros a la ofensiva, y un superestrella defensivo: a la defensa, Holiday promedió 1.6 robos el año pasado (el doble que Thompson) y 0.8 bloqueos, por parte de 0.5 de Klay. Estos números contribuyeron para que Jrue fuese nombrado All Defense 1st Team el año pasado. En los playoffs de la temporada 17-18, Holiday mantuvo a Damian Lillard en un 35% de efectividad en la primera ronda en la que Pelicans barrió 4-0 a Portland. Esa postemporada, Holiday promedió 20.5 ppj, 4.3 rpj, 8.8 apj, 1.7 robos y 52.2% de tiros de campo, y no ha reducido el ritmo para este año.

Otro jugador que ha quedado al margen del juego de estrellas es Tobias Harris, quien igualmente disputó el McDonald’s All-American Game en 2010 y llegó a la liga con los Bucks de Milwaukee en 2011. Jugó en Orlando y luego en Detroit, y en 2016 fue cambiado a Los Ángeles Clippers, donde milita actualmente. Hace unos días, en la victoria ante San Antonio Spurs, en Texas, Harris puso 27 puntos, 9 asistencias, y 9 rebotes, quedándose a nada de la triple decena: ese día, al menos 45 de los 103 puntos de los Clippers pasaron por manos de Harris. Unos días después, y con una derrota ante Dallas en medio, Harris anotó 31 puntos, marcando 7 rebotes y 6 asistencias para derrotar a Miami por 111 a 99. Los números de esta campaña van de esta forma: promedia 20.7 puntos por partido, 8 rebotes y  2.4 asistencias. Este año, Harris se encuentra muy cerca del prestigioso Club 50-40-90, con 49.7 de campo, 43.6% de triples, y 88% de tiros libres. Pertenecer a este club (compuesto por Larry Bird, Mark Price, Regie Miller, Steve Nash, Dirk Nowitzki, Kevin Durant, y Stephen Curry), habla de la gran precisión como tirador, y las cifras se refieren a obtener al menos un porcentaje de efectividad de 50% de tiros de campo, 40% de triples, y 90% desde la línea de libres. De igual forma, para hacer válida esta estadística, es necesario lanzar al menos 300 tiros de campo, 55 triples, y 125 tiros libres, lo que demuestra que el jugador puede ser certero desde cualquier parte del campo. En enero, Harris anotó más de 20 puntos en 6 ocasiones de 12 posibles; marcó más de 10 en  5, y solo se quedó con 9 puntos en la derrota contra Dallas, el 22 de enero. En diciembre anotó 30 o más puntos en 3 ocasiones: 33 en la victoria ante Phoenix, 39 en la derrota contra Portland, y 32 en el revés contra los campeones, Golden State; igualmente, marcó más de 20 puntos en 4 ocasiones y llegó al doble dígito en 13 de 15 encuentros. El impacto de Harris sobre el equipo es bastante palpable en ambos lados de la cancha, promediando .7 bloqueos en enero, así como 1.4 robos por partido. Harris es pieza clave para mantener a los Clippers al borde de las plazas de playoffs en una conferencia tan disputada como lo es el Oeste.

Brevemente se ha de mencionar a Malcolm Brogdon, jugador de Milwaukee, quien este año se perfila para pertenecer al club 50-40-90, promediando 51.7% de tiro de campo, 42.2% de triples, y 96% desde la línea de tiros libres, siendo factor determinante, junto con G. Antetokoumnpo, para liderar a los Bucks a los puestos más altos de la conferencia del Este. La lista podría continuar: D’Angelo Russell, que mantiene a unos pobres Nets de Brooklyn en puestos de calificación en la conferencia del Este; o Karl-Anthony Towns, de los Lobos de Minesota, quien desde la partida de Jimmy Butler a Filadelfia ha asumido el liderazgo del equipo; o el mismo Derrick Rose, coequipero de Towns, que parece haber vuelto a sus niveles más altos.

Este año, los titulares de los equipos del Oeste son James Harden, con una monstruosa campaña a la ofensiva; Steph Curry, el jefe de los campeones; Paul George, que parece consolidarse como uno de los mejores de la liga; el mejor tirador, Kevin Durant; y el Rey Lebron, quien será capitán de una de las escuadras. Del Este saldrán Kyrie Irving, base armador de los Celtics de Boston, y quizá el mejor manejador de balón del momento; Kemba Walker, de Charlotte, Kawhi Leonard, a quien alguna vez coach Pop nombrara como el jugador más balanceado de la liga, y Joel Embiid, el jugador más dominante en su posición, mientras que Giannis Antetokoumnpo, sólido candidato a Jugador más valioso, será el capitán del otro equipo. Habría que mirar las bancas del juego de estrellas (próxima a revelarse) y preguntarse, ¿qué es más importante para ser considerado un superestrella?: ¿ser un jugador con números espectaculares, sin importar lo que hay de por medio (equipo o posición mediática, dependencia del sistema de juego, etcétera), o ser un jugador sólido que contribuye en todos los aspectos de la cancha?

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