La Liga 23 de Septiembre: el escollo de Salmerón y la reivindicación de la lucha social

La liga 23 de septiembre, surgió el 15 de marzo de 1973, en Guadalajara, Jalisco, tras una reunión organizada por Ignacio Salas Obregón, a la que asistieron el Frente Estudiantil Revolucionario, los Procesos de Monterrey, el Movimiento Estudiantil Profesional, los Enfermos de Sinaloa, el Comando Lacandones (estudiantes del Instituto Político Nacional y de la Universidad Nacional Autónoma de México), Los Guajiros, el Grupo 23 de Septiembre, Los Macías, el Grupo Oaxaca y parte del Movimiento de Acción.

El nombre “Liga 23 de Septiembre” deviene de un homenaje a los 13 combatientes del Grupo Popular Guerrillero (GPG) que el 23 de septiembre de 1965 intentaron tomar un complejo militar, localizado en la sierra de Chihuahua. Como resultado del asalto, ocho guerrilleros perdieron la vida y cinco lograron escapar.

En días recientes, un texto de Pedro Salmerón, historiador que presentara su renuncia como director del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), causó revuelo por hacer, según algunos críticos como Enrique Krauze, apología de la violencia, al llamar “valientes”, al grupo de jóvenes de la célula que intentó secuestrar pero terminó por asesinar, en 1973, al empresario de Monterrey, Eugenio Garza Sada.

El momento histórico mexicano en el que surge esta Liga, es conocido como “La Guerra Sucia”, época en la cual, bajo los gobiernos de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverria, extendiéndose de cierta forma a los dos siguientes sexenios, se registraron desapariciones, torturas y asesinatos de líderes sociales de oposición al régimen priísta, muchos de ellos identificados con las ideas comunistas.

Algunas pruebas fehaciente de la represión oficial, fueron la matanza del 2 de octubre de 1968, o el jueves de corpus de 1971; sin embargo, otros casos como el de Rosendo Radilla, líder campesino desaparecido en 1974, son claros ejemplos de la violenta lucha gubernamental contra las ideas socialistas y comunistas. Asimismo, en el contexto de protestas, se enmarca también el Movimiento Médico por la Democracia de 1964-65, entre otros.

Así pues, explica Salmerón en su texto, “El asesinato de Eugenio Garza Sada”: “Su muerte fue resultado de la profunda división que experimentó la sociedad mexicana desde los años sesenta, cuando muchos jóvenes que veían canceladas las posibilidades de participación y transformación pacífica de un sistema político vertical y autoritario, buscaron cambiar las cosas por la vía violenta. En su lucha contra el estado y el sistema capitalista, identificaron a los empresarios nacionales como sus enemigos, de ahí que no fuera nada raro que planearan secuestrar a Garza Sada, sólo que el recio empresario, de 81 años de edad, no estaba dispuesto a dejarse secuestrar para alimentar la espiral de violencia, y anunció que haría frente a quienes lo intentaran. Sus dos escoltas aceptaron el riesgo, de modo que cuando un comando de valientes jóvenes de la Liga Comunista 23 de Septiembre intentó raptarlo, se desató una balacera en la que perdieron la vida don Eugenio y sus escoltas, Bernardo Chapa y Modesto Hernández, y dos de los guerrilleros”.

Sin embargo en su texto, publicado en la página lacabezadevilla.wordpress.com y en el portal oficial del INEHRM, Salmerón explica el importante papel que Garza Sada tuvo en la industria mexicana, y en ningún momento celebra su muerte.

“Lo estrepitoso y violento de su muerte contrastó con la vida que don Eugenio había llevado: a pesar de su fortuna era un hombre modesto y austero. Después de muerto fue el prototipo del empresario con sentido humano, impulsor de empresas que fueron cabeza del proceso de industrialización nacional: Se le consideraba la cabeza de lo que por décadas se conoció como Grupo Monterrey”, dice en parte del texto.

Hoy, los movimientos civiles están siendo reivindicados por el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, incluso con un museo que se inaugurará en Palacio Nacional, en honor a luchadores sociales. En cuanto a la guerrilla de Chihuahua, el Comité Organizador del Premio Nacional Carlos Montemayor “reivindicó” a los participantes de las luchas armadas guerrilleras que se dieron en el país a partir de 1965 y hasta principios de los años 80 del siglo pasado, con la entrega de ese galardón a dos de los sobrevivientes del asalto al cuartel militar de Ciudad Madera, Chihuahua.

A su vez, la titular de la Secretaría de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, a nombre del Estado, ofrecerá una disculpa pública a Martha Alicia Camacho Loaiza, ex militante de la Liga 23 de Septiembre, quien fue torturada por militares en el marco de la llamada “Guerra Sucia”.

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  • Licenciado en Comunicación y Periodismo por la FES Aragón. Maestrante en Periodismo Político por la EPCSG. Pasante de Relaciones Internacionales también en la FES Aragón. Columnista del diario El Día y profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México, de la Universidad Iberoamericana y de la Universidad Obrera de México. Ha publicado las novelas Peor es nada (Ed. Fridaura), Ella no sabía nada de Bakunin (Ed. Fridaura) y El amor no es suficiente (Ed. Endira).

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