Hace ya más años de los que quisiera, decidí que la carrera que estudiaría sería periodismo. Mi impuso surgió después de leer “El Emperador”, de Ryszard Kapuscinski; se trata de un conjunto de entrevistas a la Corte real de Haile Selassie, gobernante de Etiopía y mítica figura divina para la cultura rastafari.

La forma en la que el periodista polaco realizó su investigación, hizo sus entrevistas, la manera en la que delineó el perfil de un personaje tan complejo a través de las voces de aquellos que durante décadas fueron simples ornamentas mudas de un palacio al servicio del Emperador… Todo en ese trabajo periodístico es fascinante.

Y el camino natural conduce a cualquier aspirante a periodista por las letras de personajes como Leila Guerriero, Martín Caparros, Jon Lee Anderson, o el propio Eduardo Galeno, histórico periodista uruguayo que dijo un día que el buen periodismo es “darle voz a los que no la tienen”.

Pero por años, en una realidad como la nuestra, la mexicana, la del tercer mundo, donde importan más unas voces que otras, los “grandes medios de comunicación” nos tuvieron bajo el yugo de lo que algún día Gideon Lichfield, corresponsal de The Economist, llamó “la declarocracia” en la prensa: la trascendencia de escuchar o leer lo que dice el político mas no de analizar lo que hace.

“Abundó. Aceptó. Aclaró. Acusó. Adujo. Advirtió. Afirmó. Agregó. Añadió. Anotó. Apuntó. Argumentó. Aseguró. Aseveró. Comentó. Concluyó. Consideró. Declaró. Destacó. Detalló. Enfatizó. Explicó. Expresó. Expuso. Externó. Informó. Indicó. Insistió. Lamentó. Manifestó. Mencionó. Observó. Planteó. Precisó. Profundizó. Pronosticó. Pronunció. Prosiguió. Puntualizó. Recalcó. Reconoció. Recordó. Redondeó. Reiteró. Señaló. Sostuvo. Subrayó. Me parece que esta lista de palabras ha de ser un catecismo que se exige aprender religiosamente a todos los estudiantes mexicanos de periodismo en su primer semestre de estudios. Basta revisar cualquier diario mexicano, resaltan como gemas entre los metros de palabrería insípida. Esto, el catálogo inenarrable de sinónimos de ‘dijo’, garantiza que no falte en informe alguno del último discurso del licenciado Fulano de Tal, aunque se lo cite veinte veces, el oportuno verbo para enmarcar todas sus adorables frases. Humildemente, quisiera acuñar un nombre para estas palabras sacras: los dijónimos. Dios quiera que no se me haya olvidado alguna”, escribió Lichfield en 2000 para la revista Letras Libres.

Y entonces para quienes buscan por el camino del reportero llegar a ser periodistas, existe una dialéctica chocante entre lo que se entiende como el deber ser y lo que es, o al menos existió hasta que llegaron las redes sociales.

No sé si sea la locura de la cuarentena, o simplemente la costumbre de mi generación transitoria en abarcar el mayor espectro posible de lo informativo, que a últimos días, mi mejor amigo y yo tenemos la costumbre de ver las noticias de Televisa para comentarlas y, muchas veces, reírnos un poco del absurdo en el que se ha convertido el mundo.

Sin embargo, enorme sorpresa me he llevado ahora que miro lo diferente que es el noticiero de las 10:30 de la noche a lo que era cuando era yo niño o estaba en plena formación en la licenciatura de Comunicación y Periodismo. Para empezar ya no dura ni la hora y media que recuerdo, ahora en escasos cuarenta minutos, se presenta todo el programa.

Además, para mi sorpresa, las declaraciones políticas son cada vez menos y resulta que ahora, los reporteros de Televisa, en este caso, se la pasan entrevistando a boleros, tianguistas, taxistas, amas de casa, estudiantes, artesanos… En fin, la base social conformada por los que precisamente Galeano llamaría los “sin voz”.

Aún recuerdo cómo algunos profesores de la carrera, los de “la vieja escuela”, nos insistían en que la noticia salía de los funcionarios, del gobierno, del diputado, del presidente y justo, se escudaban en el formato de los noticiero en horario estelar que hoy voltean su cámara a la gente “común”.

¿Entonces estos nuevos formatos de los medios masivos demuestran que el periodismo profesional está tomando forma en México? No. Peor aún, la nueva forma de abordar la noticia, en este caso por Televisa, pero que no exime a otras grandes cadenas, desnudo que por muchos años sólo sobrevivieron de transmitir noticias patrocinadas por la clase política que buscaba posicionar su mensaje.

La admiración actual cerró la llave de los recursos por lo que a los noticieros no les queda de otra que salir a buscar la noticia a las calles, entre la sociedad. Sin embargo, lo hacen de forma tan improvisada que muchas veces sus notas sólo sirven para la risa.

Las grandes empresas de información tardaron demasiado, hoy, a través de las redes sociales de Internet, la gente “común” cuenta su propia historia haciendo uso de un simple celular y banda ancha; ya no se requiere al periodista que pregunta, que investiga, que da forma, que publica. La gente nos está saltando.

¿El empoderamiento social en los medios es positivo? No del todo. Esa falta de rigor que tienen los buenos periodistas en la transmisión de información de la sociedad en general, es la que provoca desinformación, noticias falsas, confusión, un montón de youtubers opinando como si estuvieran informando.

Es un gran momento para replantear la importancia del buen periodismo en la sociedad, pero también del mal uso que estamos dando a las redes sociales. Esta que llamamos “la sociedad de la información” genera más ignorancia de la que se tendría presupuestada en un mundo que tiene acceso casi que a cualquier dato necesario, porque todo informa, la pared informa, el cielo informa, la ropa informa, el árbol informa, la flor informa, pero nadie analiza nada.

Tags:

  • Licenciado en Comunicación y Periodismo por la FES Aragón. Maestrante en Periodismo Político por la EPCSG. Pasante de Relaciones Internacionales también en la FES Aragón. Columnista del diario El Día y profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México, de la Universidad Iberoamericana y de la Universidad Obrera de México. Ha publicado las novelas Peor es nada (Ed. Fridaura), Ella no sabía nada de Bakunin (Ed. Fridaura) y El amor no es suficiente (Ed. Endira).

  • Show Comments

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Ads

You May Also Like

Inédita marcha contra jueces en México

El pueblo se cansa de tanta pinche transa! Fuera Medina Mora!, fueron de las ...

Subirá 20 por ciento el Salario Mínimo desde primer día de enero de 2020

Tanto la Conasami, así como Gobierno, patrones y trabajadores mexicanos, acordaron incrementar a partir ...