Todo en contra: la historia del conflicto entre Palestina e Israel

El conflicto que existe en territorio palestino puede explicarse de maneras ancestrales y hasta bíblicas, pero a efectos prácticos, podemos entender la problemática desde 1916 y el deterioro de lo que fue el imperio Turco-Otomano, que cayó en 1922.

En 1916, en plena Guerra Mundial, Francia e Inglaterra firmaron el tratado de Sykes-Picot para definir las propuestas esferas de influencia y control de los dos países en el Próximo Oriente en el caso de que la Triple Entente obtuviera la victoria en contra del Imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial.

Se considera que el acuerdo dio forma a la región, pues marcó fronteras entre Irak, Siria y los propios territorios de Palestina. La idea central de comenzar con estos trazos fue el pensamiento de «divide y vencerás», pues a muchos liderazgos del Imperio Otomano se les ofrecieron Estados si garantizaban la derrota de sus aliados.

A la caída del sultanato otomano en 1922, muchos de los líderes de Oriente Medio fueron traicionados y otros siguieron cooptados bajo los intereses imperialistas de occidente, por lo que los conflictos étnicos y políticos en la región comenzaron. El sionismo, que apareció en Europa central y oriental a finales del siglo XIX, también fue un ingrediente que aprovecharon las potencias para comenzar la creación del Estado de Israel.

Su fundador en tanto que movimiento organizado fue el periodista austro-húngaro de origen judío Theodor Herzl como respuesta a la ola antisemita que recorrió Europa en el Siglo XIX, uno de cuyos exponentes fue el affaire Dreyfus. El movimiento tuvo como objetivo fomentar la emigración judía a Palestina y alcanzó su objetivo principal con la fundación del Estado de Israel en 1948.

Es por ello que el origen del conflicto, asegura Jorge Ramos Tolosa, autor del libro «Una historia contemporánea de Palestina e Israel», siempre es la pugna por el control de la tierra. Una tierra que el sionismo llama «Eretz Israel», la Tierra de Israel, término histórico con el que la comunidad judía se refiere al territorio en el que estaban los antiguos reinos de Judá e Israel. También se la ha llamado Tierra Santa o, sencillamente, la Palestina histórica, según una entrevista que el escritor hizo para rtve.

A partir de la fundación de Israel el asedio militar contra Palestina ha sido incansable y como resultado se han tenido jornadas donde, por ejemplo en 2014, mas de 800 palestinos murieron, entre ellos niños y mujeres, por ataques a zonas civiles, hospitales y poblados cercanos a la Franja de Gaza, sólo por mencionar un caso.

Asimismo, Israel ha tuvo conflictos con otras naciones de la región durante el Siglo XX, precisamente por ser un Estado creado por las potencias occidentales, y más aún, por el interés de los Estados Unidos para mantener un bastión en Medio Oriente luego del debilitamiento europeo producto de la Segunda Guerra Mundial.

Uno de los combates decisivos fue en 1967, conocido como la Guerra de los Seis Días, que ocurrió entre el 5 el 10 de junio de ese año. La victoria de Israel le permitió arrebatarle la Franja de Gaza y la península del Sinaí a Egipto, Cisjordania (incluida Jerusalén Oriental) a Jordania y los Altos del Golán a Siria. Medio millón de palestinos huyeron.

A ese conflicto le seguiría la guerra de Yom Kipur en 1973, que enfrentó a Egipto y Siria contra Israel, y le permitió a El Cairo recuperar el Sinaí -entregado completamente por Israel en 1982- aunque no Gaza. Seis años después, Egipto se convertiría en el primer país árabe en firmar la paz con Israel, un ejemplo solo seguido por Jordania.

El virus israelí se ha expandido por el territorio; desde 1948, Palestina ha perdido el 70 por ciento de su territorio, de forma tan estratégica para Israel y sus aliados que sus espacios restantes se encuentran separados entre sí y han perdido el acceso a recursos básicos como agua potable.

Poco antes de la guerra de 1967, organizaciones palestinas como Fatah –liderada por Yasser Arafat– conformaron la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y lanzaron operaciones contra Israel, primero desde Jordania y luego desde Líbano.

Tras años de atentados palestinos y asesinatos selectivos de las fuerzas de seguridad israelíes, la OLP e Israel pasaron por los procesos de Paz de Madrid en 1990 y en 1993 firmaron los acuerdos de paz de Oslo, en los que la organización palestina renunció a «la violencia y el terrorismo» y reconoció el «derecho» de Israel «a existir en paz y seguridad», un reconocimiento que la organización islámica palestina Hamas nunca aceptó.

Como resultado de los acuerdos firmados en la capital noruega fue creada la Autoridad Nacional Palestina, que representa a los palestinos ante los foros internacionales.

Su presidente es elegido por voto directo y él a su vez escoge un primer ministro y a los miembros de su gabinete. Sus autoridades civiles y de seguridad controlan áreas urbanas (Área A según Oslo), mientras que solo sus representantes civiles -y no de seguridad- controlan áreas rurales (Área B). Sin embargo, Palestina no se ganó su reconocimiento como Estado y pese a contar con una Autoridad Nacional Palestina, antes la OLP, no cuentan con un Ejército avalado de forma internacional.

Pero a pesar de que Jerusalén es uno de los puntos más conflictivos entre ambas partes, Jerusalén Oriental, considerada la capital histórica por parte de los palestinos, no fue incluida en los acuerdos.

En julio del 2000, se llevó a cabo la Cumbre de Paz en Oriente Medio de Camp David entre el presidente de Estados Unidos, Bill Clinton; el Primer Ministro de Israel, Ehud Barak, y el representante de la Autoridad Palestina, Yasser Arafat.

La cumbre no tuvo ninguna resolución, sólo se definieron los principios acordados para guiar las futuras negociaciones, pero reafirmaron lo visto en una reunión similar, celebrada también en Campo David pero en 1978: la mano estadounidense es crucial para la negociación de paz sobre dos territorios que se encuentra a miles de kilómetros de su país.

El 30 de septiembre de 2015 el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, anunció ante la 70 Asamblea General de Naciones Unidas que su gobierno se desviculaba de los Acuerdos de Oslo en vista de los incumplimientos de Israel.

Si bien desde hace más 70 años existe un Estado de Israel, la creación y el reconocimiento del Estado palestino es uno de los temas pendientes de más larga data en Naciones Unidas. En 2012, con 138 votos a favor, la ONU aceptó a Palestina como Estado observador, más no miembro. Estados Unidos, Israel, Canadá, Palau, Micronesia, la República Checa, Panamá, Nauru y las Islas Marshal votaron en contra de dicha resolución.

En enero de este año, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció un plan para Palestina, que exige la incorporación a Israel de los asentamientos ilegales de colonos en Cisjordania, incluida Jerusalén.

Tal proyecto es rechazado por la comunidad internacional y las autoridades de ONU, quienes siguen defendiendo la solución de dos Estados como la única alternativa posible para resolver el conflicto en Palestina, y se oponen a la anexión.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, amenazó con echar a andar su esquema expansionista y de anexión de territorios palestinos a partir del 1 de julio, pero luego funcionarios gubernamentales explicaron que el jefe de Gobierno está a la espera de consultas con Estados Unidos y de un pronunciamiento al respecto del presidente de ese país.

Intelectuales y escritores de la talla de José Saramago y Noam Chonsky, entre muchos otros, han denunciado el asedio de Israel contra la población de Palestina. Por ejemplo, el sociólogo James Petra explica que existe un «poderoso e influyente papel de los judíos pro israelíes en sectores estratégicos de la economía norteamericana, partidos políticos, el Congreso y el Poder Ejecutivo». ¿Cómo va a luchar Palestina si tiene todo en contra?

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  • Licenciado en Comunicación y Periodismo por la FES Aragón. Maestrante en Periodismo Político por la EPCSG. Pasante de Relaciones Internacionales también en la FES Aragón. Columnista del diario El Día y profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México, de la Universidad Iberoamericana y de la Universidad Obrera de México. Ha publicado las novelas Peor es nada (Ed. Fridaura), Ella no sabía nada de Bakunin (Ed. Fridaura) y El amor no es suficiente (Ed. Endira).

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