Playa Espíritu, una sangría más para México

Cuando se habla del daño que Felipe Calderón causó al país, durante su administración, no solo fue en materia de seguridad pública por los miles de muertos que dejó, también fue en lo económico, político, social y medio ambiente, como es el caso del “Centro Integralmente Planeado (CIP)” Playa Espíritu, proyectado para Sinaloa en 2008, donde se perdieron miles de millones de pesos, se perjudicó a grupos sociales y se dañó el ecosistema.

Paradójicamente esta es una historia periodística muy rica –por todo lo que implica–, pero a su vez, es un pasaje negro de la vida de México que pinta de cuerpo entero la arrogancia, prepotencia, negligencia e irresponsabilidad de Felipe Calderón,; es un proyecto que sigue sangrando las arcas nacionales por los intereses de la deuda que se tienen que pagar.

En principio habría que explicar que un Centro Integralmente Planeado o CIP, es un desarrollo turístico integral donde el gobierno crea, en un terreno determinado, la infraestructura básica, conectividad, servicios, los primeros hoteles, subsidia boletos de avión en la primera etapa e invita a la iniciativa privada a invertir y potencializar su desarrollo, como ocurrió con Cancún, en Quintana Roo. Y, porque no decirlo, un caso de éxito.

La idea de los CIP surgió en la administración del presidente Gustavo Díaz Ordaz, pero quien la materializa fue Luis Echeverría Álvarez. Bajo ese esquema se construyeron hasta la administración de Miguel de la Madrid cinco desarrollos turísticos (CIP): Cancún, Los Cabos, Ixtapa, Loreto y Huatulco; y fue hasta la administración de Felipe Calderón que se consideró la construcción de un sexto desarrollo de este tipo.

Localización

Para el proyecto calderonista se le compró al ex-gobernador de Sinaloa, Antonio Tolero Corro, una parte de su rancho “Las Cabras”, el cual se localiza en el Municipio de Escuinapa, al sur del estado de Sinaloa, a 85 kilómetros de Mazatlán, donde las marismas forman parte del medio natural en la región y constituyen un elemento ambiental de importancia nacional.

El terreno tiene una extensión de 2 mil 381 hectáreas y se pagaron 119 millones de dólares, con dinero del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (FONATUR) –a cargo de Miguel Gómez Mont, ex-director de Casa Geo –, y del Fondo Nacional de Infraestructura (Fonadin), a pagarse en 20 años.

Sería, según Felipe Calderón: el “proyecto más importante de turismo en los últimos 25 años y será el más importante también en las dos primeras décadas del siglo XXI”. Las expectativas eran altas: el gobierno prometía invertir cinco mil millones de pesos y esperaba otros 66 mil millones por parte de la iniciativa privada.

La estrategia

Cuando Felipe Calderón Hinojosa anunció, en septiembre de 2008, la construcción del nuevo CIP, y el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (FONATUR), elaboró el plan y llevaría a cabo la ejecución del mismo

En un ceremonia especial, a la cual asistimos como medio informativo, Felipe Calderón puso la primera piedra de un proyecto que se sabría, más adelante, era ilegal porque carecía de los permisos ambientales necesarios; situación que generó protestas de grupos ecologistas, los cuales alegaban que la construcción ponía en riesgo al sistema de humedales más importante del Pacífico mexicano, lo que provocaría problemas en las actividades productivas de la zona.

Inicialmente el proyecto conocido como Costa Pacífico, luego Playa Espíritu, estaba planeado para iniciar en el año 2009 y terminar en 2025. Contaría con 44 mil cuartos de hotel y condominios, tres campos de golf y dos marinas.

Se sabe que para el desarrollo del proyecto, el FONATUR adquirió un primer préstamo de 400 millones de pesos a Banco Inbursa. La institución solicitó un segundo préstamo a Banobras por 800 millones de pesos. Sin embargo, las altas tasas de interés y los plazos cortos en los que se negoció el pago, llevaron a FONATUR a pedir dos créditos más a las instituciones bancarias, lo que desembocó en un adeudo de alrededor de 4 mil 600 millones de pesos.

Hasta el 2012 el CIP, recibió recursos a través del Presupuesto de Egresos Federal por 3 mil 467 millones de pesos, lo que representaba el 66 por ciento de los recursos del total del proyecto estimados en ese año; sin embargo, con ese dinero apenas se construyó obra básica y no se le pagó a varios constructores.

Así, lo que pretendía ser el nuevo Cancún en las costas del Pacífico, resultó ser un fracaso ya que a 16 años de haber iniciado el proyecto, no hay avances y el dinero gastado en la obra afectó negativamente las finanzas de FONATUR, se perjudicó el medio ambiente, se desplazaron a grupos sociales y el país sigue pagando una deuda por concepto de intereses.

Para diciembre de 2012, Héctor Gómez Barraza, director de FONATUR en el sexenio de Enrique Peña Nieto, informó que a causa de las malas decisiones que se habían tomado en la institución, el Fondo tenía una deuda de 4,462.8 millones de pesos (integrada por créditos con Banobras-Fonadin, Banobras, Arrendadora Banobras, Inbursa y Banco Interamericano de Desarrollo).

La inversión hecha por FONATUR, en Playas Espíritu, provocó una quiebra técnica a la institución, por lo que tuvo que pedir en 2014 un préstamo a la Banca de desarrollo para reestructurar su deuda. De esta forma BANOBRAS otorgó un crédito por 4,048 millones de pesos lo que permitió a está liquidar adeudos; sin embargo se estima que todavía quedan 600 millones de pesos pendientes por pagar, más la deuda con BANOBRAS y los intereses.

Los personajes

Mucho ha pasado en 16 años. Por ejemplo, el secretario de Turismo de Sinaloa, en aquel momento, Antonio Ibarra, poco tiempo después del anuncio de este nuevo complejo turístico, fue asesinado y Miguel Gómez Monti fue cesado por Felipe Calderón.

Los aspectos negativos se fueron acumulando porque siempre tuvo en contra a los hoteleros de Mazatlán, quienes se inconformaron por el nuevo CIP. Así, Playa Espíritu fue pasando a segundo plano en el gobierno calderonista, hasta que finalizó sin que tuviera mayores avances el desarrollo.

Con Enrique Peña Nieto no supo o no quiso hacer nada por este proyecto, por lo que simplemente lo ignoró y así Playa Espíritu cayó, por la ausencia de voluntad política.

En resumen, el complejo turístico en playas de la costa del Pacífico, es un fracaso con millones de pesos perdidos y para muchos grupos ambientalistas un escocido. Falta la investigación de la Auditoría Superior de la Federación, para tener más claridad de los movimientos hechos en estos 16 años y muchos millones de inversión.

Lo único claro es que las malas decisiones de la administración calderonista siguen afectando a la economía mexicana.

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