Recuperación económica lenta, al menos de tres años para México por Covid-19: Alicia Bárcena

La Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Alicia Bárcena, instó a fortalecer la cooperación triangular y a impulsar su rol como catalizadora de la recuperación pospandemia del COVID-19, durante una conferencia regional organizada por el Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de Argentina, y el Ministerio Federal de Cooperación Económica y Desarrollo (BMZ) de Alemania.

Durante su exposición, Alicia Bárcena subrayó que la recuperación pospandemia debe ser con economías resilientes, inclusivas y sostenibles, potenciando la transición energética, la conectividad digital y la movilidad pública eléctrica, la integración regional, el fortalecimiento de la economía del cuidado y la recuperación de la agroecología y la agroforestería.

Añadió que la pandemia ha intensificado los problemas estructurales de América Latina y el Caribe, así como la urgencia por cambiar el modelo de desarrollo.

Advirtió que la caída del -9,1% del PIB de la región resultará en la peor contracción de los últimos 100 años y alertó que la crisis ha sido más intensa, será más larga de lo esperado y requerirá políticas fiscales y monetarias activas por más tiempo.

En cuanto a México, es que su actividad económica decrezca 9 por ciento en 2020 y el próximo año aumente 3.2 por ciento. Estimados que siguen a una caída del producto interno bruto (PIB) en 2019. “Aunque hubiera un cierto rebote en 2021 estamos esperando que la recuperación sea muy lenta, al menos tres años”, subrayó.

Sin embargo, Bárcena dijo que entre las políticas que ha llevado a cabo la actual administración y que pueden abonar a crecer, se encuentran las transferencias a 21 millones de personas y la recuperación de los salarios mínimos, pero a ellos falta una política más amplia de protección social.

Sobre el segundo bloque del proyecto de infraestructura de la iniciativa privada presentado esta semana, lo calificó de positivo, sobre todo porque está encaminado a generar 200 mil empleos. En ese punto, Bárcena subrayó necesario que en este plan se promueva la ocupación de mujeres, las cuales han resentido el mayor efecto de la crisis en el trabajo.

En el informe Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2020, la Cepal subraya que no son tiempos de austeridad y se debe promover un mayor gasto de gobierno. En ese sentido no descartó que México tenga abiertos los canales de financiamiento en caso de requerirlo, tanto en los mercados internacionales como en el Fondo Monetario Internacional, donde tiene una Línea de Crédito Flexible por 61 millones de dólares.

La Secretaria Ejecutiva de la CEPAL afirmó que la crisis reveló serios problemas estructurales en la región, como la desigualdad, la baja productividad, y brechas en salud y protección social.

Destacó que el Estado ha tomado un rol protagónico con esfuerzos fiscales aún en contextos de déficit fiscal. Sin embargo, advirtió, los esfuerzos nacionales requerirán mayor cooperación internacional con acceso a financiamiento en condiciones favorables, que tengan en cuenta las problemáticas de los países de renta media y los pequeños estados insulares.

“La recuperación debe ser entendida como algo que nos tiene que llevar a un futuro diferente, para construir hacia adelante con un modelo distinto, con más igualdad y sostenibilidad ambiental, cambiando nuestro modelo productivo y social. El nuevo paradigma para la cooperación del futuro debe tomar en cuenta estos elementos y es que la desigualdad define a nuestra región”, expresó.

La máxima representante de la CEPAL subrayó que se requiere un pacto global más inclusivo para la provisión de bienes públicos: salud universal, seguridad climática, paz y estabilidad financiera.

Precisó que el contexto internacional es incierto debido al debilitamiento del multilateralismo y el retorno del proteccionismo, el deterioro -y en algunos casos hasta abandono-, de una agenda de cooperación multilateral en temas tan relevantes como el cambio climático y la estabilidad financiera. A esto se suma la graduación de países de renta media con un alto riesgo de exclusión del sistema de cooperación internacional, usando como criterio únicamente el PIB per cápita.

“Todo esto deriva en que hay muchas dificultades para movilizar el financiamiento que se requiere para cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS): entre 5 y 14 billones de dólares anuales. En el actual contexto, con el debilitamiento del multilateralismo y los desafíos estructurales en América Latina y el Caribe, no podemos renunciar a la Agenda 2030. Esta nos ofrece una hoja de ruta y nos permite tener nuevas modalidades de cooperación”, afirmó la Secretaria Ejecutiva de la CEPAL.

En este escenario, señaló, la cooperación triangular toma relevancia para vincular la emergencia con el mediano plazo, con enfoque en una política fiscal expansiva con sostenibilidad centrada en ingresos públicos y proyectos de cooperación triangular tendientes a ampliar las fuentes de financiamiento para el desarrollo con el objetivo de superar la crisis y avanzar en los ODS.

Asimismo, subrayó que, en tiempos de pandemia, la cooperación triangular debe garantizar el acceso a las vacunas contra el COVID-19, así como impulsar el fortalecimiento de formas de cooperación menos asimétricas, fortalecer la cooperación Sur-Sur y desafiar la gobernanza del sistema internacional, y abrir la reflexión acerca de las formas de ayuda para definir nuevos consensos y actores.

Destacó algunos ejemplos de cooperación triangular impulsados por la CEPAL, el Ministerio Federal de Cooperación Económica y Desarrollo (BMZ) con el apoyo de la Sociedad Alemana de Cooperación Internacional (GIZ) en áreas como mitigación de y adaptación al cambio climático, apoyo a las pymes, igualdad de género, políticas industriales, trabajo decente, entre otros.

Finalmente, Alicia Bárcena subrayó que impulsar la reactivación con estabilidad financiera requiere mecanismos de cooperación financiera triangular hacia los países de ingresos medios, que representan el 96% de la deuda externa pública.

“Si estos países caen en insolvencia habrá una crisis sistémica. Hay que ampliar la iniciativa de suspensión del servicio de la deuda a países de ingreso medio vulnerables, sobre todo Centroamérica y el Caribe, e impulsar la creación de un mecanismo internacional para la restructuración de la deuda soberana para bajar la incertidumbre y los riesgos de procesos de renegociación de deuda”, concluyó.

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