El Tren Maya es un megaproyecto de nación; interconectará a las comunidades más pobres del país: Sol Ceh Moo

Como parte de la serie “Perspectivas sobre el Tren Maya”, publicamos una entrevista realizada a la escritora indígena Sol Ceh Moo, originaria de Calotmul, Yucatán, y quien considera que el proyecto es potencialmente positivo para las comunidades.

Autora de diversas novelas, algunas de ellas premiadas a nivel internacional, Sol ha descrito en su literatura la represión, el rechazo a la identidad y la violencia de género que viven las mujeres en los pueblos originarios de la Península de Yucatán; asimismo, es una defensora de las lenguas minoritarias en México.

Cabe recordar que este espacio tiene como fin contrastar las diferentes opiniones de quienes se encuentran vinculados como opositores o activistas al proyecto del Tren Maya, uno de los más controversiales e importantes de la actual administración que encabeza Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

Mientras por una parte hay quienes lo enarbolan como un posible catalizador del desarrollo en las comunidades indígenas del sureste del país, por la otra diversos actores han señalado que fue una imposición que no tuvo el consenso de la mayoría de las comunidades, en tanto tendrá impactos negativos en el medio ambiente.

De acuerdo con el Gobierno Federal, el Tren Maya constará de 7 tramos repartidos en cinco entidades. Aseguran que el 95% del trazo del tren pasará por derechos de vía “ya existentes, sean vías férreas, autopistas o líneas de transmisión eléctrica”. En el caso de quienes se encuentren junto a las vías, apunta la información, “a todas las personas que deban ser reasentadas se les buscará alternativas de reubicación con apego a la ley, con total respeto a los derechos humanos y con la oferta de espacios adecuados para su pleno desarrollo”.

¿Sol cuál es, en general, tu perspectiva sobre el Tren Maya? ¿Te parece un proyecto que afectará a las comunidades o que, por el contrario, las beneficiará? Por un lado, desde lo institucional, se habla de que generará productividad, educación y salud; por el otro, desde las voces críticas, se menciona que se trata de una imposición que afectará el patrimonio cultural, así como el medio ambiente.

Para mí es un megaproyecto de nación, que debe beneficiar más que nada al pueblo y no al Estado. Me parece que esto se pensó desde que se planteó hacer las consultas a los pueblos en donde está considerándose su paso; unos dicen que es de afectación; otros, de beneficio, porque cuando corte los caminos, cuando haga estas nuevas veredas, unos piensan en la cuestión de la fauna, de la flora, mientras que otros piensan en los beneficios que podría traer en cuanto oportunidades laborales, es decir, que se puedan situar las estaciones para que las personas tengan espacios en donde vender sus artesanías, sus productos de campo, o todo lo vinculado a mejorar los ingresos económicos. Entonces, sumado a esto—y después de consultar unos estudios en donde he visto como está el proyecto— hablé con personas de la zona de Cancún, y les he preguntado a ellos qué piensan; se los pregunté porque son mayas arraigados a la cuestión de la creencia, de los ancestros, de la tradición, de las asambleas.

¿Qué les preguntaste? ¿Había preocupaciones en torno al proyecto, aceptación?

A las personas de Felipe Carrillo Puerto les pregunté sobre las afectaciones, es decir, que el Tren pase y corte sus terrenos. Esa fue mi primera pregunta. Luego muchas personas contestaron que sí, otras que no; muchas consideraron que les iban a robar las tierras, que van a cortar “la que va a ser la milpa de mi hijo y mía porque el Tren se va quedar con 30 metros de ancho y todo lo largo y pues yo voy a salir perdiendo”. Eso me dijeron.

Eran perspectivas que pasaban por la mente de las personas en ese tiempo, que fue hace un año y medio. De hecho, también hicimos una reunión donde platicamos sobre eso: en como hacerle, en cómo se iban a involucrar las autoridades. Como resultado de esas pláticas, me llevé la impresión de que eran demasiado amorosos hacia su tierra y sus costumbres, y que el tren vendría a contravenir su condición de vida. Pero luego se hace la consulta y se les expone que  realmente no se va a hacer el trabajo si la gente de las comunidades mayas no está de acuerdo, si se sienten afectados, si se sienten lastimados. Por ejemplo, si ellos no quieren el tren en su zona, este “hace curva” y se va por otro lado, por donde la gente sí quiera.

Entonces comenzaron a responder que sí, “nosotros queremos una estación”, queremos nosotros al tren, queremos que pase, pero no que nos divida, sino que nos rodee por el pueblo”; y se hicieron los diseños de caminos y se modificaron proyecto y fue llamándome muchísimo la atención. Luego le pregunté a las personas hace poco tiempo, por teléfono, ¿qué opina usted de esto que está pasando, maestro? Y pues no, al contrario, resulta que están muy agradecidos por la cuestión del Tren Maya, por lo que está pasando.

De esta manera, en esas partes, hay defensores del Tren Maya, gente que sabe que si te tumban tu monte, tú ya lo sabías, porque te avisan que eso va a pasar, y te otorgan otro campo (en un lugar cerca, o donde tú consideres) y te pagan al triple la  tierra que estás otorgando; además, reforestan el porcentaje de tierra deforestada. Eso para mí fue demasiado positivo, porque el tren durante mucho tiempo fue nuestro medio de transporte, nuestro medio de turismo, nuestro medio de diversión, porque no había muchas formas de trasladarse de un lugar a otro, había que esperar una hora para el paso del tren, y luego esperar el otro día en determinada hora. Era muy fascinante el llamado, el sonido, el llamado del Tren, entonces me generó cierta nostalgia esta cuestión de que el pasado es bueno dentro del futuro. Aparte, por si lo has notado, no son líneas muertas, sino que son los caminos que se generaron para los trenes de hace tiempo, cuando se hace una inversión y se ponen los durmientes y las líneas.

¿Te parece que hay una participación activa de las comunidades en la planeación del Tren Maya?

Pues, en cuanto las audiencias, aquí el Ayuntamiento de Mérida (Yucatán) hizo varias reuniones, y, para quienes no pudieron participar, generó una liga para que quienes quisieran aportar, modificar o entregar proyectos en una propuesta escrita, pudieran hacerlo, porque definitivamente tanto el ayuntamiento como el Gobierno Federal,  a través de Fonatur (Fondo Nacional de Fomento al Turismo), dijeron que si la gente decide que no quieren que la estación del Tren no quede en cierta zona simplemente se busca otra alternativa. Todo eso resultado de la consulta que te digo. Esa postura que tiene Fonatur y las personas que trabajan ahí, así como quienes modificaron el proyecto, generaron en mí como persona pensante, como alguien que tiene una relación con las personas de las comunidades, como alguien que tuvo incertidumbre o temor de que pudiera haber una reacción contraria a este proyecto, que si ellos (las comunidades) lo aceptaban, que en efecto va a venir a revitalizar nuestro sistema económico y laboral en vez de venir a perjudicar. Me parece importante que este proyecto le dé vida a los espacios, que haya participación ciudadana, que no sea una decisión unilateral de gobierno, que no sea una extracción económica para todos los grupos sociales.

 

¿Qué piensas sobre el hecho de que el Tren atraviesa algunas zonas de la Reserva Ecológica de Cuxtal? ¿La magnitud de los impactos afectarían los suministros de agua y la naturaleza?

Ahí también se habló sobre la reserva, y te digo: hay una seguridad de que en ningún momento el Tren está pensado para afectar, y mucho menos a la Reserva de Cuxtal; al contrario, le va a dar vida porque hará que se cuide y se proteja y además se amplíe el espacio de protección para el agua que se encuentra en esa área, tendrá muchísimos beneficios. Por eso estoy muy a favor, me decepcionaría muchísimo que no se hiciera, que gente por egoísmo opinara cosas que no corresponden y el proyecto se eche para atrás Sería muy grande la decepción porque realmente no lo están viendo a vista de ciudadanos, lo están viendo a vista de política, y eso es lo que no debe de ocurrir.

 

¿Cuál es el impacto que vislumbras que tendrá en las comunidades?

A futuro vislumbro que hay 86 universidades interculturales y que muchas personas en las comunidades no tienen capacidad de acceder a la educación a esos niveles. Hice un comentario en mis redes sociales en donde apunté que el Tren Maya intercomunicará a las comunidades. Y después dije que será también un medio complementario para la educación. Esto porque se le brindarán una oportunidad a los jóvenes: podrán viajar a esos espacios y a los estados donde están esas universidades; podrán trabajar dentro del Tren y después estudiar. Todo en las comunidades mayas más vulnerables del sureste.

Además la producción de los campesinos se podrá mover a gran escala, no como se hacía antes de que “solo puedo vender dos o tres sacos o un par de kilos a la gente del pueblo”, sino que ya puedes recargar más tu producción, exportarla. Hay un desarrollo económico latente que beneficiará a la mayoría y, sobre todo, a la educación y la cultura.

Me da mucha esperanza que las personas no están siendo oprimidas ni discriminadas, sino que al contrario: el gobierno o quien haya planificado este proyecto pensó claramente en las comunidades, pues colocarlo en esta zona es porque es una de las más pobres del país. Creo que definitivamente es positivo.

Sol, sobre las críticas al Tren, se ha señalado que la consulta realizada por el Gobierno tuvo vacíos informativos y que únicamente se ponderaron los aspectos positivos y sin difundir los negativos, así como la información científica. Esto lo señaló la ONU-DH en su informe “El proceso de consulta indígena sobre el Tren Maya no ha cumplido con todos los estándares internacionales de derechos humanos en la materia”. A su vez, tras la difusión de la MIA, varios académicos expusieron que los estudios no contemplan algunos factores perjudiciales para la naturaleza. ¿Qué piensas sobre esto?

Sobre las personas que hablan de las lagunas legales o los vacíos informativos dentro de las consultas que se hicieron a las poblaciones, pienso que las personas interesadas no se quedaron en su casa a que llegara alguien a hacerles las preguntas, o pedirles su opinión al respecto; otras simplemente tienen una opinión donde dicen “total, si queremos o no queremos el gobierno al final lo va a poner”. Esas son el tipo de respuestas que he escuchado, porque simplemente no les interesa.

Pero hay activistas pro Tren y hay activistas en contra del Tren. Los activistas en contra del Tren hablan de la población maya como si fuera la de la  antigüedad, de hace más de 400 años, cuando la gente era totalmente pura y no utilizaban ni contaminantes ni tecnología, era gente que estaba como las tribus: ellos se llaman mayas originales,  y estos activistas están queriendo hacer creer que todas las personas por ser mayahablantes, o tener un traje mestizo, son realmente mayas y están en contra del proyecto. Eso no es cierto porque los activistas están tomando una voz que no les corresponde, la voz de un pueblo que cuando quiere opinar (y hablo de Chiapas, Campeche y Yucatán) tiene opiniones, sus propias palabras, y tienen respuestas, aunque te diga “no sé” o “responderé más adelante”. Ellos mismos pueden responder.

En cambio los activistas, cuando alguien responde de esa manera, dicen que ellos (la gente de las comunidades) dijeron que no, que no están de acuerdo, cuando no es así; ellos son los que generan esta controversia creando un porcentaje de voz de gente que no dijo lo que ellos quieren hacer creer que se dijo. Yo por mi parte opino que las comunidades de Yucatán y Quintana Roo están unidas por ese afecto en favor del Tren Maya. Algunos creen que el Tren va cortar la Reserva de Cuxtal, pero no es cierto, hay opciones: opciones de que cruce cerca, de que se haga un túnel, de puentear la reserva.

Lo que sucede es que hay una información negativa que llega sin sustento, con la finalidad de hacer creer a las personas de que en efecto es negativo porque va contaminar el medio ambiente por todo lo que conlleva; pero sobre todo hay un compromiso (de Fonatur, del Gobierno), de que no va a haber un árbol que no sea suplido. Si un árbol se retira, se va a poner el doble. Que si es cuestión del agua, no se va a tocar el agua. Creo que en el fondo es una cuestión de desagrado político con alguien.

Hay una cuestión de gente envidiosa, egoísta, que no les gusta cuando hay desarrollo positivo para las comunidades. Un enemigo es enemigo de su igual, un maya es un enemigo de un maya, un ingeniero es enemigo de un ingeniero. Un ejemplo: si alguien quiso obtener un empleo para el Tren Maya, y no se lo dieron, entonces el resultado para esta persona es que el proyecto es negativo, pero si estuviera adentro diría que es positivo. Entonces eso es lo que se tiene que ver con objetividad. Porque información la hay, y quien quiera consultarla puede acceder a ella.

El Tren Maya es un verdadero proyecto de nación y un beneficio de Estado. Sin embargo, me parece que se le debe de dar libertad de expresión a todas las personas para que puedan analizar y tomar sus decisiones.

A mí, como ciudadana, me agrada mucho la idea de volver a subirme a un Tren, y hay muchas personas que también lo desean, que contestan los mensajes que pongo en redes. Debemos darle la oportunidad a todos para informarse y expresarse, pero tengan por seguro que nada se hará en contra del pueblo. Yo entiendo que las autoridades buscan que este sea un proyecto con el que el pueblo esté de acuerdo.

 

 

 

 

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  • Mateo Peraza Villamil (Mérida, Yucatán, 1995). Estudiante de biología en la Universidad Autónoma de Yucatán. Ha publicado narrativa y contenido periodístico en medios como Memorias de Nómada, Efecto Antabus, Revista Marabunta y Crónicas de Asfalto. Es becario del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA) de Yucatán en la categoría de Jóvenes Creadores (2017-2018).

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