“El concepto, el dato y el garabato”: Las MiPymes y los sistemas de consumo local

En México hay 4.9 millones de micro, pequeñas y medianas empresas, las llamadas MiPymes[1], que generan 79% de los empleos y aportan ingresos equivalentes al 52% del Producto Interno Bruto (PIB)[2].

Esto revela el papel protagónico que cumplen estas unidades económicas, pero uno de sus principales riesgos es que son altamente susceptibles a los factores económicos externos, sobretodo las microempresas, que constituyen 95.4% del total de establecimientos a nivel nacional. Se estima que diferentes factores provocan su cierre en menos de 5 años y que hasta 70% de los negocios desaparece en un lapso más prematuro[3].

Por la emergencia sanitaria del virus SARS-CoV-2 causante de la COVID-19, un millón 10 mil 857 MiPymes (20.81% del total) han cerrado sus puertas definitivamente y las principales afectaciones a este sector se concentran en la disminución de ingresos, la baja demanda y la escasez de insumos[4].

Y es que los primeros años de una pequeña empresa son determinantes para resolver su supervivencia en el mercado; después, sus esfuerzos se concentran en la solvencia, y sólo cumplidas ambas premisas, las empresas pueden pensar en crecer y lograr consolidarse[5].

Las empresas sobrevivientes han tenido que adaptarse ante la coyuntura de la emergencia sanitaria, modificar sus esquemas de ventas por internet, realizar home office y diversificar sus cadenas de suministros[6].

Una de estas estrategias se ha centrado en fortalecer los sistemas de consumo local, que implica mecanismos de mercado con mayor proximidad geográfica, organizacional o social[7].

El término “consumo local” suele relacionarse con el movimiento ecologista, que advierte la distinción entre consumo y consumismo. El primero, necesario para todas las personas, pues siempre hemos sido consumidores de algo; es una relación natural entre necesidades y satisfactores. No obstante, el consumismo, como derivado del sistema capitalista, es un fin por sí mismo, pues conlleva la compra o acumulación de bienes y servicios innecesarios, por lo que compromete los recursos naturales[8].

Las cadenas de consumo local se han fortalecido en muchas localidades de nuestro país, pues las personas ante las restricciones de movilidad y de concentración de personas, han optado, por ejemplo, en lugar de ir a los centros comerciales y los supermercados para adquirir sus productos de consumo cotidiano, tocar a las puertas de sus vecinas y vecinos. En estas localidades, se conoce e identifica quién tiene gallinas y vende huevos,  quién hace tortillas o pan, quien cultiva verduras y quién produce mezcal o artesanías. Entre las personas se compran o intercambian estos productos sin necesidad de trasladarse a grandes distancias, de utilizar complejos sistemas de embalaje o estrategias costosas de publicidad.

Los sistemas de consumo local no son exclusivos de la realidad rural. De hecho, en las ciudades de todo el país, existen movimientos que está impulsando la creación de huertos urbanos, tianguis, trueques y colectivos orientados a la economía solidaria.

Esa es, precisamente, una de las grandes lecciones que nos tendrá que dejar la pandemia, al replantear nuestras necesidades y hábitos de consumo. A través de los sistemas de consumo local se procura por un comercio más justo al promover la construcción de relaciones de confianza y comunidad.

En un país donde 52% de la población se encuentra en el sector informal[9] resarcir las afectaciones económicas derivadas de la pandemia representará uno de los mayores desafíos por venir.

Sin embargo, hay aspectos positivos que destacar, pues la emergencia sanitaria también ha resultado ser un catalizador para que miles de comercios transformen sus servicios. Por ejemplo: ampliándolos con entregas a domicilio y programación de pedidos para llevar, a través de plataformas digitales.

Se estima que, hasta antes del inicio de la pandemia, aproximadamente 99% de los pequeños comercios no tenían las herramientas y competencias para responder a las necesidades generadas por la nueva normalidad, y que, de marzo de 2020 a la fecha, el uso de plataformas y herramientas digitales avanzó lo equivalente a 3 años[10].

Referencias

[1] Rodríguez, Silvia. En año y medio, desaparece un millón de MiPymes en México: Inegi. Milenio, 02 de diciembre 2020.

[2] Flores Meza, Daniel. MIPYMES, una alternativa a la crisis actual. Sección Economía a Retazos, La Jornada de Oriente, 02 de julio 2020.

[3] Romano Gutiérrez, Julio César. En México las Pymes aportan 56% del PIB; pocas sobreviven. Sección Negocios, Diario 24 Horas, 28 de junio 2018.

[4] Instituto Nacional de Estadística y Geografía. ECOVID-IE 2020 Encuesta sobre el Impacto Económico Generado por COVID-19 en las Empresas Resultados Segundo evento. 2020.

[5] Brizuela Arce, Mauricio. Cuando tu empresa crece vertiginosamente, ¿realmente tienes el control? Comunicado de prensa, Salles Sainz Grant Thornton.

[6] Ibidem, Rodríguez, Silvia. 02 de diciembre 2020.

[7] Soto, Jocelyn. ¿Por qué es mejor consumir local que en supermercados? Blog Cambio climático, Greenpeace. 13 de julio 2020.

[8] Gutiérrez Arizpe, Luis A. El consumo local: alternativa para una ciudad competitiva. Instituto Municipal de Planeación y Competitividad de Torreón. 13 de mayo 2020.

[9] Forbes. Empleo informal en México alcanza a más del 51% de la población en edad de trabajar. Sección Economía y Finanzas. 30 de junio 2020.

[10] Ibidem, Sin Embargo, 03 de diciembre 2020.

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  • Lic. en Administración Pública con posgrado en Planeación Estratégica Municipal. Investigador y asesor político. Colabora en medios locales como Agenda Oaxaca.

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