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Pequeños productores intensifican uso de herramientas digitales para comercializar

La crisis sanitaria visibilizó la dependencia que tienen las ciudades del campo, permitió revalorizar el trabajo de los agricultores, fortaleció el sentido de solidaridad en diversos aspectos y constituyó una oportunidad de innovación mediante el uso de herramientas digitales para los pequeños productores de las Redes Alimentarias Alternativas (RAA), consideraron representantes de estas organizaciones.

Durante el conversatorio “Respuestas y retos de las Redes Alimentarias Alternativas a un año de la pandemia” convocado por la Coordinación Universitaria para la Sustentabilidad de la UNAM, la organización comunitaria Desarrollo y Aprendizaje Solidario A.C., y Local Future-Economics of Happiness, los participantes coincidieron en señalar que el cierre de espacios públicos, plazas y parques significó para los pequeños productores una amenaza a sus ingresos.

Las RAA son iniciativas organizadas para responder a los retos del sistema agroalimentario actual; articulan productores, transformadores y consumidores para construir sistemas alimentarios locales, justos, democráticos y sustentables.

En el encuentro, Paulo Orozco, de la Cooperativa de Consumo Consciente La Milpa, de Guadalajara, Jalisco; Omar Jiménez, de Mercado de las Cosas Verdes Tianquiskilitl, en Xochimilco; Ramón Jarquín del Tianguis Macuilli Teotzin, en San Luis Potosí; y Arturo Vera, del Mercado Alternativo en Tlalpan, comentaron que una experiencia positiva es la visibilización e importancia de las RAA.

En el marco del Día Mundial de lo Local, que se celebra el 20 de junio, Paulo Orozco indicó que durante la pandemia aumentó el interés de los consumidores en los productos agroecológicos y artesanales, y también se comprobó la capacidad de resiliencia de los campesinos; ahora ellos están más interesados por el beneficio de sus alimentos.

Una oportunidad fue fortalecer el vínculo con los productores, pues “nos dimos cuenta de la necesidad del uno hacia el otro para la existencia de una cooperativa, así como de reconocer el valor de estos proyectos de colaboración entre productores y consumidores, y la oportunidad para afianzar la seguridad alimentaria”, enfatizó.

De acuerdo con Omar Jiménez lograron mejorar el trabajo en equipo, participaron en la organización, logística, cobro y difusión. Además, el proceso de aprendizaje de los participantes, tanto de productores como de consumidores, es fundamental para continuar con el crecimiento, ya que al inicio de la pandemia el panorama era de incertidumbre y miedo.

En ese sentido, dijo, los campesinos en pequeño mostraron resiliencia y se adaptaron con facilidad a este periodo mediante la innovación, uso de herramientas tecnológicas como Google Maps para entregas, internet y redes sociodigitales, lo que aumentó la demanda de sus mercancías, “a tal grado que hemos podido cobijar a otros productores”.

Para Ramón Jarquín una de las lecciones que deja el SARS-CoV-2 es el reposicionamiento del mensaje a la sociedad: el respeto a la naturaleza y la importancia de tener alimentos sanos y accesibles, además que regresó el sentido de solidaridad para apoyar a los agricultores.

Ahora creemos que estamos preparados para enfrentar una situación similar, aunque para ello se requiere el ánimo y la organización de la gente, así como algunos recursos, y aquí la academia siempre ha respaldado esa posibilidad, aseveró.

En su oportunidad, Arturo Vera expuso que la pandemia fue una situación de crisis y de oportunidad que los fortaleció porque la gente hizo una red de consumidores solidarios que se mantiene y, a pesar de que la situación cambió, se adaptaron lo cual permitió poner a flote el proyecto. Asimismo, las RAA resultaron ser una opción viable que permitió regresar al consumo local y nacional; “una especie de volver al origen”.

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