¿Hay libertad en la precariedad?: La SCJN en torno a la maternidad subrogada

Para Juan Dabdoub, presidente del Consejo Mexicano de la Familia (ConFamilia), el que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) haya otorgado el amparo para un matrimonio de dos varones a tener derecho a convertirse en padres, por medio de la técnica del vientre subrogado, fue una decisión que demuestra “demasiado peligro para la sociedad”.

La decisión, asegura, pone en riesgo la ‘familia tradicional’ (sic). “Para procrear se requieren dos personas de diferente sexo, para criar también se requiere dos personas de diferente sexo, porque hombres y las mujeres somos diferentes, pero además somos complementarios”, argumentó.

Pero Juan Dabdoub no está viendo el verdadero peligro, porque el riesgo no está en perder la mal llamada “familia natural o tradicional”; el verdadero peligro está en legislar mal en torno la gestación subrogada. Las parejas de mismo sexo pueden tener los hijos que sean capaces de mantener, pero existen métodos y formas de hacerlo sin dañar o perjudicar a los grupos vulnerables, en este caso a las mujeres.

El miércoles 21 de noviembre, la SCJN dio el amparo a una pareja de varones, en Yucatán, para poder ser padres de su hijo, a quien gestionaron por medio del vientre subrogado. Al intentar registrarlo en el registro civil, les fue negado el derecho ya que tendrían que pasar por el proceso de adopción correspondiente.

Según Actuall, la SCJN señaló que toda persona tiene el derecho a convertirse en padre o madre, por lo que “debe reconocerse el derecho a las parejas homosexuales para acceder a los adelantos de la ciencia en materia de reproducción asistida y a convertirse en padres o madres a través de esos métodos”, argumentaron.

De tal modo que, Olga Sánchez Cordero, futura secretaria de Gobernación, dio a conocer una iniciativa que reforma y adiciona a la Ley General de Salud en materia de reproducción asistida. Igualmente, planea castigar con ocho años de cárcel a quien, sin su consentimiento de la mujer, trasgreda su cuerpo para esta práctica.

Tener la libertad de decidir sobre nuestros cuerpos no debe confundirse con la necesidad económica sobre ello. Es decir, la precariedad no puede compararse con la libertad. La desigualdad de condiciones para muchas mujeres las ha orillado a alquilar sus cuerpos para embarazos ajenos, con todo lo que eso implica. Porque prestar su vientre para gestar una vida durante nueve meses, no es algo que cualquier mujer decida por gusto o placer, sino por necesidad.

Ninguna mujer de clase alta rentaría su útero para gestar una vida por el puro placer de hacerlo, ni mucho menos por dinero. El embarazo implica un desgaste físico y emocional en el que el cuerpo a traviesa cambios bastantes fuertes a los que sólo la maternidad deseada está dispuesta a sobrellevar.

La maternidad subrogada o la explotación reproductiva, es permitida en los estados de Tabasco y Sinaloa, aunque es una práctica que se sigue realizando como medio de ingreso económico en el resto del país. Pese a eso, no existen cifras oficiales que permitan ver cuántas mujeres se ven afectadas o cuántos niños y niñas se abandonan por no cumplir con los estándares de los contratantes.

Asimismo, el monto económico, que adquieren las mujeres por “rentar sus vientres”, también se desconoce.  Existe un estimado, de acuerdo con Babygest, de que un servicio de gestación en México puede costar entre 892 mil 800 pesos y 1.3 millones de pesos.

Las reacciones en redes, no tardaron en postularse en contra de esta iniciativa, diferentes grupos de activistas feministas pronunciaron sus posturas y equipararon el derecho al aborto con el “derecho” a la maternidad asistida.

Esta práctica sigue oprimiendo a las mujeres en muchos sentidos, al defender esta iniciativa se defiende la opresión del cuerpo de la mujer. Verlo como libertad del cuerpo de cada una, es omitir o ignorar la desigualdad socioeconómica de quien por precariedad se ve en la necesidad de detener su vida durante nueve meses para obtener dinero.

Es de suma importancia que nuestros legisladores tomen decisiones en esta materia con perspectiva de género. Confundir el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos con el tener que usarlo como herramienta de ingreso económico porque vivimos en condiciones deplorables, no es lo mismo.

En estos temas, es preciso recordar lo que Celia Amorós pronunció, “el feminismo, y por ende las feministas, no cuestionan las decisiones individuales de una mujer, sino las razones que la obligan a tomarlas”.

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  • Paulina es una viajera de vidas que nació en la Ciudad de México. A sus veinticinco años ya es la exnovia del patriarcado. Estudió la licenciatura en Escritura Creativa y Literatura en la Universidad del Claustro de Sor Juana. Ha participado en los proyectos MicromachismosViolencia de género política del Centro de Estudios para el Adelanto de la Mujer y la Equidad de Género (CEAMEG). Le gusta aullarle a la lluvia y escribir poemas sobre los universos de sus neuronas.

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