“El concepto, el dato y el garabato”: La doble jornada como manifestación de la brecha laboral de género

La participación cada vez más activa de las mujeres en el mercado laboral es una de las transformaciones socioeconómicas más importantes del siglo XXI, que refleja los avances hacia el cierre de las desigualdades históricas de género.

No obstante, a nivel mundial la participación femenina representa 47% de la fuerza de trabajo, 27 puntos porcentuales por debajo de la tasa de los hombres (74%)[1]. En América Latina, hay 117 millones de mujeres que forman parte de la fuerza laboral, lo que representa la cifra más alta en la historia de la región; mientras en la década de los 60’s sólo 20% de las mujeres trabajaban, en la actualidad el porcentaje alcanza 65% de participación[2]. Particularmente en México, de acuerdo con la información de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), la Población Económicamente Activa (PEA) registraba 57,328,364 personas, de las cuales 22,644,402 son mujeres, es decir, 39.5%[3].

Estas cifras demuestran que, a pesar de los avances positivos en este rubro, la participación laboral femenina está por debajo de su potencial, lo que implica una manifestación de la brecha laboral de género, en cuanto a las oportunidades de acceso y desarrollo profesional, así como de contribución al crecimiento económico y bienestar poblacional[4].

Una de las explicaciones es que las mujeres que deciden trabajar no sólo encuentran dificultades en el acceso al mercado formal, sino que, una vez insertas en el ámbito laboral, se enfrentan a multiplicidad de condiciones adversas asociadas al machismo que sigue anquilosado en el imaginario colectivo mexicano.

Por ejemplo, en la persistencia de la brecha salarial de género, pues los hombres perciben un ingreso promedio de $7,477 pesos y las mujeres sólo $5,808 pesos mensuales, es decir, 22.3% menos[5].

Tienen que lidiar con la segregación vertical o también denominado techo de cristal, que se refiere a la dificultad para ascender a los puestos de mayor rango o directivos.

Afrontan el problema de la doble presencia o doble jornada laboral, concepto propuesto por la socióloga italiana Laura Balbo a finales de la década de los 70’s, que tiene que ver con la persistencia de los roles tradicionales de género y la división de las actividades del hogar de acuerdo con el sexo. En este sentido, la doble jornada describe la situación de sobrecarga de trabajo y demandas exigentes sobre el tiempo de las mujeres en la medida que se les sigue asociando con el cuidado de la familia y el hogar. Por lo que, cuando se insertan al mercado laboral tienen que asumir tanto las tareas formales de su trabajo como encargarse de las tareas domésticas[6].

De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), mientras que las mujeres ocupadas dedican hasta 40% de su tiempo a los trabajos domésticos y de cuidados no remunerados, los hombres sólo destinan 20% de su tiempo en estas actividades[7].

La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) en México revela que las mujeres mayores de 12 años destinan 67% de su tiempo laborable a la semana en el trabajo no remunerado de los hogares, los hombres sólo 28%, es decir, en promedio las mujeres trabajan 6.2 horas más que los hombres, una doble jornada sin que medie pago alguno por ello[8].

Esta sobrecarga de trabajo no remunerado constituye un gran obstáculo que limita su desempeño laboral, el acceso a puestos directivos y su inmersión en las actividades económicas, ya que las obligaciones domésticas impiden a las mujeres dedicar mayor atención y tiempo a sus puestos de trabajo. Refleja las restricciones que enfrentan las mujeres para conciliar sus responsabilidades domésticas y de cuidado con la búsqueda y permanencia en empleos formales, más que una preferencia por mantenerse fuera del mercado laboral. Por esta razón, con bajos niveles de ingreso, sobredemanda de sus tiempos y falta de oportunidades, los desincentivos para incorporarse al mercado laboral son una realidad[9].

Situación que se agrava en los casos donde las familias se mantienen únicamente del sueldo de la mujer, en quien recaen la mayoría de las tareas domésticas y, por tanto, se ve comprometido su estatus laboral en la medida que aumentan sus obligaciones sociales.

De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de los Hogares en México 3 de cada 10 hogares tienen a una mujer como jefa de familia (27.6% promedio nacional). El municipio de Catarina Tayata, Oaxaca es el de mayor índice con presencia de madres solteras, con 15.4% de su población femenina, le sigue Santa María Nativitas en el estado de Puebla con 13.9% y Santa Magdalena Jicotlán en Sonora, con 10.9%[10].

En este sentido, mientras persistan problemáticas como la doble jornada y no se visibilice a través de diagnósticos que pongan en evidencia las dimensiones del problema y las consecuencias negativas que está generando en las mujeres trabajadoras, la participación femenina en el mercado laboral seguirá siendo limitada.

Atender la participación laboral femenina, así como mejorar sus condiciones, es imprescindible para cerrar la brecha en el ejercicio de los derechos de las mujeres y hombres.

Es un problema público que no es exclusivo de las instituciones dedicadas a generar políticas públicas con perspectiva de género, sino de todo el gobierno, pues es un asunto que si se atendiera el Producto Interno Bruto (PIB) de América Latina crecería 16% adicional[11]. Si en México se cerrara la brecha laboral de género, esto añadiría 800 mil millones de dólares al PIB, el equivalente a 70% adicional de ingresos[12].

Referencias

[1]Organización Internacional del Trabajo. Perspectivas Sociales y del Empleo en el Mundo. Tendencias 2020. Informe de referencia, pp. 22-23, Ginebra: Oficina Internacional del Trabajo, 2020.

[2]Bustelo, Monserrat y Marchionni, Mariana. Participación laboral femenina en América Latina: más y mejor es posible. Sección Opinión, El País, 06 de marzo 2019.

[3]Secretaría del Trabajo y Previsión Social. Información laboral Octubre, 2020. Gobierno de México. Estadísticas, Diciembre 2020.

[4]Marchionni, Mariana et al. Participación laboral femenina ¿Qué explica las brechas entre países? Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y Centro de Estudios Distributivos Laborales y Sociales (CEDLAS), 2019.

[5]Ibidem, Secretaría del Trabajo y Previsión Social, Diciembre 2020.

[6]Ruiz López, Paulina et al. La doble presencia en las trabajadoras femeninas: equilibrio entre el trabajo y la vida familiar. Revista de Comunicación de la SEECI (44), pp. 33-51, Enero-Marzo de 2018.

[7]Comisión Económica para América Latina y el Caribe. La autonomía de las mujeres en escenarios económicos cambiantes. XIV Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, pág. 148, Santiago, Chile, 27 a 31 de enero de 2020.

[8]Instituto Nacional de Estadística y Geografía. Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo (ENUT) 2019. Presentación de resultados, 2019.

[9]Kaplan, David y Piras, Claudia. Brechas de género en el mercado laboral mexicano: Comparaciones internacionales y recomendaciones de política pública. Revista de Economía Mexicana, Anuario UNAM, 2019.

[10]Torres, Humberto. Jefas de familia en Oaxaca con mayores estudios. Sección La Capital, El Imparcial, 15 de enero de 2019.

[11]Ibidem, Bustelo, Monserrat y Marchionni, Mariana. 06 de marzo 2019.

[12]Bolio, Eduardo et al. Una Ambición. Dos Realidades. Mx Women Matter. McKinsey y Company, 2018.

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  • Carlos Iván García Díaz

    Lic. en Administración Pública con posgrado en Planeación Estratégica Municipal. Investigador y asesor político. Colabora en medios locales como Agenda Oaxaca.

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