Día cero: Despedimos a Peña Nieto recordando sus mejores momentos

Hace diez días, Enrique Peña Nieto inició la cuenta regresiva en su cuenta de Instagram para la despedida de su sexenio. Hoy es el día cero y Peña está a punto de cerrar la puerta para girarse y volar a Londres, pero nosotros no lo dejaremos ir sin antes despedirnos como es debido.

Estos último seis años, el presidente Peña Nieto nos regaló incontables momentos que siempre nos sacarán una sonrisa, o una carcajada, al recordarlos.

A tres años de haber tomado el poder, a punto de dar su tercer informe de gobierno, el presidente demostró que gozaba de grandes reflejos de super saiyajin al evitar que la banda presidencial cayera al piso.

 

No fue la única vez que el presidente nos asombró con sus grandes habilidades. Peña Nieto demostró tener una gran capacidad para hacer trabalenguas improvisadamente en la apertura de la carretera que conecta a León y Lagos de Moreno.

Aunque tenemos que admitir que muchos de los mejores momentos que nos regaló Peña no fueron por sus brillantes habilidades, sino por su falta de reflejos y de un poco de sentido común. Ahora que se va, sabemos que quedará aliviado de ya no tener que abrir cortinas en público.

A Peña le fallaron sus habilidades de saiyajin cuando se trató de un simple pastel. Parece que al presidente se le salieron varios asuntos de las manos durante su sexenio.

Y hablando de manos, no podemos olvidar uno de los momentos más conmovedores del sexenio, cuando a nuestro presidente lo ignoraron mandatarios internacionales. Todos fuimos ese Peña Nieto intentando hacer nuevos amigos en la primaria

También nos impresionó con su relatividad en el tiempo y el espacio.

Y hay que reconocer que fue uno de los presidentes con mayor perspectiva de género, como cuando dio sus sinceras felicitaciones a las mujeres mexicanas en conmemoración al ocho de marzo.

A Peña Nieto nunca le hizo falta recalcar su postura ante los derechos de las mujeres. Él siempre estuvo deconstruyéndose y abordó el tema de “las señoras de la casa” con todo respeto, equidad y sin ninguna clase de estereotipos

Lamentamos que no exista material audiovisual para una de sus frases más conmemorativas, como aquella que presenció el periodista Francisco Garfias, cuando el presidente llevó su mano a la cabeza y expresó su desconcierto por el sospechosismo y las teorías del complot que habían difundido sus críticos frente a las detenciones de Javier Duarte, para luego decir de manera coloquial:

“No hay chile que les embone. Si no los agarramos, porque no los agarramos; si los agarramos, porque los agarramos”.

Tuvimos también un flashback del anterior sexenio, cuando el presidente salió mareado por un temblor y unos cuantos tragos encima, y nos reveló haber sentido un sismo que nadie más sintió en los Pinos.

Nuestro presidente siempre nos dio respuestas fáciles y accesibles ante los graves problemas, después de haber sufrido el terremoto del año pasado, el 19 de septiembre, propuso una solución brillante para la reconstrucción de viviendas que fueron azotadas tras la catástrofe.

Tampoco podemos olvidar cuando propuso una nueva escala para medir los temblores. Desafiando al mismísimo Richter, determinó con mayor exactitud la magnitud de un sismo en los gramos. Aunque no supo el equivalente de un kilogramo de tortillas en pesos mexicanos, supo hacer la conversión para medir la intensidad, con exactitud, de un temblor en gramos.

Siempre tuvo una seguridad en sí mismo y nada de soberbia, así que nunca le importó tener el reconocimiento de los otros, y si no le aplaudían era mejor.

El día de ayer expresó su agradecimiento por habernos dejado gobernar por sus principios y valores y nos recordó que “las responsabilidades son pasajeras, el amor por nuestro país es permanente. ¡Gracias, México!”.

Nuestro presidente se va, pero los recuerdos siempre quedarán grabados en nuestros corazones y nuestro país, sus acciones para México quedarán para siempre en la historia. Sus habilidades de saiyajin, su inigualable deconstrucción con perspectiva de género, sus conocimientos científicos y su gran amor por las aves, llevaron a nuestro presidente a tener uno de los sexenios más memorables para los mexicanos.

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